Una tienda con miles de productos suena mejor de lo que funciona. Cuando el catálogo crece sin control, nadie en el equipo conoce de verdad lo que está vendiendo, y eso se nota en la primera consulta difícil del cliente.
Acá trabajamos al revés. Cada producto que entra al catálogo pasa por tres filtros:
- Lo probamos primero. Si nadie del equipo lo usó durante semanas, no se publica.
- Tiene que explicarse solo. Si hace falta un manual para entender para qué sirve, el problema lo termina pagando el cliente.
- Debe aguantar el viaje. Perú tiene rutas largas y manipulación de por medio. Lo frágil genera reclamos, no ventas.
El resultado es un catálogo corto que podemos defender de principio a fin: sabemos qué hace cada producto, qué no hace, y qué responder cuando alguien pregunta.